18 DE MARZO

             Es miércoles, nuestro encierro semivoluntario empezó hace solo tres días, ya que, hasta el domingo, aunque no salimos, tuvimos algún contacto con amigos.

             Siento cada pérdida y cada enfermedad, cada persona en aislamiento y cada momento de soledad y sufrimiento que eso conlleva para ellos, siento el miedo de los demás, y el propio, por no saber qué va a pasar o cómo se encontrarán sus seres queridos. Mis padres están en Estados Unidos, no soy ajena a todo eso, pero sí que, como madre, tengo la necesidad de buscar la parte positiva de todo esto, y, a poder ser, transmitirla a mi pequeña familia en lo que pueda.

                Estamos en casa los cuatro, Papá, nuestra hija de 3 años, el pequeño de uno, y yo, que, además, debo teletrabajar para seguir atendiendo alumnado, familias y jefatura de estudios. El mundo se encierra, sí, pero no se para del todo. 

                  El lunes fue un día medio normal, aprovechamos para poner las lavadoras que, por grandes, siempre dejamos para otro momento, colgar los cuadros que nunca colgamos, o deshacer las cajas que llevan mirándonos esperando su momento casi un año... y, como decía un meme "ya lo hemos hecho todo". Tomamos las medidas pertinentes previas, hicimos la compra, sin sucumbir a comprar cosas que no nos hacían ni nos hacen falta (véase cien rollos de papel higiénico), compramos también material para manualidades, para muchas manualidades, hicimos nuestro horario para seguir teniendo rutinas, etc. Siento que estamos preparados, no es lo que hubiéramos elegido, pero estamos listos para encerrarnos por el bien común, y además, como familia que está siempre rodeada de gente y celebrando la vida a lo grande, un parón así no nos viene nada mal...

                 Desde que empecé a trabajar, con el pequeño con tan solo seis meses, me he sentido muy culpable por no estar en casa tanto como debería según mi corazón, por marcharme dejándolos enfermos o tristes, por ir corriendo por las mañanas y no poder escuchar con la atención necesaria lo que mi hija quería contarme antes de entrar en la escuela infantil, o sin poder investigar a fondo por qué últimamente no tenía ganas de ir... todo eso me llenaba de culpa, y es por eso que, como a todo, a este parón involuntario también le veo la parte positiva, y estoy todo el día bendiciendo.

                Será positivo, a nivel global, que el ser humano deje de sobreexplotar el planeta, y de sobreexplotarse a sí mismo: a su tiempo, a su energía, a su alma, a su familia y amigos tan abandonados en un "a ver cuándo nos vemos", a las prisas, a las conversaciones con el móvil en la mano y sin mirarnos a los ojos, a tanto como creemos que hacemos, aunque en realidad mucho es para nada... ahora hay que parar, y esperar que todo pase, y mientras, echaremos de menos todo eso que no hacemos porque elegimos otras cosas, mucho menos importantes, mucho menos apremiantes, pero que siempre ponemos por delante. (Como dato, si miramos el uso del tiempo de batería de nuestro teléfono, nos sorprenderemos bastante al ver cuánto tiempo dedicamos en total a las redes sociales...).

                   Será positivo a nivel familiar, porque el tiempo será sí o sí para compartirlo, para conocernos, para saber quiénes tenemos alrededor, y quiénes somos nosotros en este contexto. Obvio habrá momentos individuales, pero está claro que tendrán más que ver con las necesidades grupales que con las nuestras propias. Por ejemplo, al teletrabajar, me toca esperar a que el pequeño esté durmiendo la siesta, para no dejar a mi marido pendiente de dos y de la casa. Así, también él, si quiere hacer algo solo, tendrá que contar con que los demás no necesitemos de él. Las comidas en familia, ahora que el pequeño empieza a comer de todo, y que la niña no come en el comedor del cole, porque no hay cole... son mucho más enriquecedoras y nos unen mucho más. Se charla, porque en esta casa se come sin ruido, solo con charla, y aprendemos a colaborar unos con otros en el hacer de comer, poner y quitar la mesa, etc. Somos nosotros y nuestro mundo, y hay momentos de cansancio y de hartura, pero en eso también nos descubrimos, personal y mutuamente.

                        A nivel personal, como no, veo que estamos dando a los niños el tiempo que el mundo les estaba quitando, yo que tanto he sufrido por los niños agenda y la generación llavero, veo como realmente la sociedad exigente nos empuja a eso, ya que, si tengo que trabajar una tarde, mi hija tiene que estar atendida ese tiempo, a pesar de haber estado ya toda la mañana en su cole. ¿Cómo lo podrán hacer otras familias, en las que ambos trabajen mañana y tarde? Pues así... con agendas y llaveros.

                     Veo una generación dando gracias a una pandemia asesina, por el tiempo en familia y la atención de sus padres que les regaló durante, ahora dicen 15 días, yo creo que serán más.

                        Como sociedad, está claro que somos un ser diferente, que estamos llenos de Espíritu y eso nos une y nos empuja, veo gente en los balcones y ventanas aplaudiendo cada día a los sanitarios y resto de personal que nos apoya con su trabajo siendo la cara de este estado de alarma, veo a los niños colgando carteles de ánimo y de solidaridad unos con otros para quedarnos en casa, veo patios de vecinos jugando al bingo, haciendo deporte en grupo, cantando canciones o poniendo el himno de nuestra nación y nuestra comunidad. Veo familias llamándose por Skype y haciendo videollamadas. Veo padres y madres arrepintiéndose de esa crítica infundada sobre el maestro de sus hijos, valorando ahora el esfuerzo que todos hacemos cada día por responder a las necesidades de cada uno de nuestros alumnos en un aula de 25. Veo a las mujeres de los compañeros, militares, guardias, UME, sanitarios, limpiadores, camioneros, trabajadores de Correos y envíos varios... quedarse solas en casa sin saber si, cuando vuelva, su marido vendrá tosiendo y trayendo el peligro a casa.

                     También veo personas irresponsables, gente egoísta saliendo a correr, a pasear, a darse una vuelta tan innecesaria como peligrosa para ellos y los demás, y me recuerdo a mí misma que mañana puedo ser yo quien no soporte estar encerrada, y haga lo mismo...

                       A nosotros nos veo rezando el Ángelus en familia cuando la parroquia lo anuncia con sus campanas, haciendo una Eucaristía cuando no podemos ir a la nuestra, realizando mil manualidades y actividades en familia (hemos visto colorear a Papá), le estamos preparando un regalo sorpresa por el Día del Padre, sorpresa... y sin salir del mismo techo. Estamos disfrutando de lo que no hemos podido vivir con la niña, de ser sus seños de la guarde, de hacer "sus deberes del cole" con ella.

                    A mí llamadme loca, pero para mí, incluso en esto, está todo lleno de razones para bendecir todo el tiempo.


Comentarios

  1. Me preguntaba mi amiga Mercedes, si podía escribir algún comentario, y claro que sí¡¡¡ que este sea un sitio al que volver, sin el ruido de las redes sociales, a vivir esto que tanto nos va a enseñar a todos¡¡¡

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

eyyyy Tamos de vueltaaa

Actividades que seguimos descubriendo...

A MIS HÉROES, OS APLAUDO CADA DÍA, A CADA HORA...