Actividades que seguimos descubriendo...

        Se acaba el día, y estamos cansados, sin salir de casa y con la aplicación cuentapasos creyendo firmemente que nos hemos muerto. Hemos hecho tantas cosas, y todas en familia... tengo tanto que agradecer...

        Ha sido un día de empezar despacio, e ir cogiendo ritmo: teletrabajo, reunión on line con las compañeras del cole, toma de decisiones con dos niños en brazos y el ordenador delante... correos y avisos IPasen a los padres, búsqueda de mi documentación para evaluar lo ya hecho... todo en un ratito.

          Después ha llegado el momento de la teleguarde, hemos recibido vídeos de las seños de Blanca y hemos disfrutado de sus clases juntas, con sus instrumentos, con mis barcos de papel y con muchas ganas y mucho amor. No es la vida real, pero a veces me gustaría ser ama de casa, madre y esposa, y no ser nada más. Mi corazón, si me muriera hoy, es lo que me pediría. Pero nací con otra vocación, antes era mi cien por cien, y cuando llegó mi boda y mis hijos, empezó a perder espacio en mi alma. Me encanta ser maestra, pero soy primero esposa y madre, y me siento muy orgullosa de ello. Tal vez por eso mi momento COVID19 se puede leer sobre renglones menos torcidos de lo que están en realidad.

        Cuando hemos terminado de "hacer las tareas", hemos encontrado un huequito para seguir haciendo el regalito del día del Padre, así que solo queda esperar que seque. Yo me he ido a hacer de comer y mis pequeños se han dedicado a componer canciones... la de hoy era muy bonita, Blanca le cantaba a su hermano algo así como "Mi ricitos bonito, mi niño bebe, tocando las palmas, que es muy bonito mi Juanichi". Mucho no rimaba, pero nos sobra arte y amor del bueno. Toda una artista a la guitarra. También ha tenido tiempo de cantar "Adriana cuenta uno, Adriana cuenta dos, es uno es dos es..." que en realidad la canción es "Mariana", pero ella dice que no, que es la bebé que tiene la Titi Luzma en la barriga, y como ella es quien canta, ella es quien manda. Lo mismo con el arco iris del balcón, ella ha  decidido los colores, y esos colores son. Punto. No hay más.

           Sigo bendiciendo, sigo dando gracias por este tiempo, por los aplausos a las 20.00 horas con los vecinos, por las llamadas por teléfono a mis vecinas menos jóvenes, por los audios de mi niña a sus amiguitos sin pedir permiso, por ver como nos imita en lo bueno y en lo malo, y saber que ella es la mejor autoevaluación de mi vida, porque en ella vemos cómo ser mejores y cómo dejar de equivocarnos. Espero que nos perdone todos nuestros muchos errores cuando, como nosotros, le toque la hora de verse en sus hijos. Qué difícil, qué regalo ser padres.

          Me ha encantado hoy ver como se sabe ya casi entero el Ángelus, y lo reza conmigo, porque si suenan las campanas, en nuestra casa todo se acaba y se deja, y se pone el corazón al servicio de lo que quiera el Señor, como una vez lo hizo la Virgen María, porque por la obediencia de una mujer sencilla vino el Señor al mundo, y por la sencilla obediencia de quedarnos en casa venceremos nosotros este virus chinchoso que, aunque le siga sacando lo bueno, siempre tendrá un balance negativo, porque la muerte es muerte, y sin Dios no tiene sentido.

         Ayer descubrimos a Papá coloreando, hoy le hemos intentado meter en nuestra clase de aerobic para niños y lisiados jajajajaa es el súper papá, y lo demuestra cada día, el mejor regalo que Dios me podía hacer, con lo bueno y con lo malo. Pero no se lo contéis, la presión le hace mejor, que no se confíe...

       Y ahora voy a acurrucarme, que el sofá es grande pero nosotros siempre nos pegamos como si fuera un sillón de orejas... porque estar encerrados nos hará volver a la magia del noviazgo, y si no, al tiempo...

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