Siete años, siete de muchas cosas...

Este año lo celebramos como Dios manda, los niños se quedarán con quien sea por primera vez para Juanito, que ya es mayorcito... nos lo merecemos...

Cuando te haces los planes para hacer reír a Dios, llega el COVID 19 y te los cambia. No es la primera celebración que no hacemos por causa del confinamiento, han pasado cumpleaños, y los que quedan, santos, aniversarios... 

Ahora es cuando cobra valor eso de celebrarlo todo a lo grande, de inventar mil excusas para estar con la gente que te gusta tener cerca, los que te llenan el corazón de amor y no de odio, ni de rencores, ni de críticas.. bueno sí, las que nos hacemos a voz en grito a base de golpes bajos con todo el amor del mundo, porque quien te quiere te dice esas cosas a la cara y te defiende a muerte cuando no le oyes... te ayuda a aceptar tus errores y a amarte con ellos, y te enseña a hacerlo con el ejemplo. 

No sé si se nota, pero echo de menos a mis amigas, a las raras esas que sólo hablan a la espalda de la que no está, cuando quieren comprarle un regalo sorpresa entre todas, que esperan a que una se levante para, en lugar de hacerle el traje nuevo, dejar de reírse de ella con ella, y comentar entre las demás la suerte que tenemos de conocerla. Las maravillas que parece que sólo los hombres conocen, y que parece que me han tocado en suerte... cada una con lo suyo, con sus locuras y sus diversas situaciones personales, con sus creencias y sus vivencias, pero con un mismo corazón solidario y sincero. Y qué hay más importante que poder ser sincero con los demás y con una misma?? compartir las recetas, los modelitos (propios y de nuestros hijos), los viajes, las llamadas, los cafés y las peleas con las vecinas, las piscinas, el sabernos venidas de la nada, unidas de no se sabe dónde variopintos lugares, y sabernos en casa porque estamos juntas, y el tiempo se para, y no se hacen ni fotos, porque no hay respiro.

Brindar en cada fiesta porque ya hemos decidido la siguiente, saber que cada celebración de una casa es una celebración de todas, los trabajos, los embarazos, los maridos indomables ya domados, los logros personales, todo es logro común porque el apoyo es incondicional, y eso es muy grande. Sin envidias, sin celos, sin querer ser más que las demás, saboreando cada sonrisa y cada lágrima de miedo, cada fracaso cuando lo ha habido, y cada temor por lo que vendrá, que seguro que no es poco.

Hoy mi aplauso va por vosotras, mis amigas, las que no veis Telecinco y las que aún sí, porque aún no ha llegado Hugo.

Os siento cerquita pero me muero de ganas de veros, como cuando nos pegamos el día entero juntas y al caer en el sofá nos ponemos a quemar el grupo de Whatsapp... así.

Os quiero Anselmas

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